CERCANA IMPLOSIÓN DE LA UNIVERSIDAD Por Alexis Morales Cales – 7MAY17

CERCANA IMPLOSIÓN DE LA UNIVERSIDAD

Por Alexis Morales Cales – 7MAY17

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Las opiniones sobre la situación y el futuro de la Universidad de Puerto Rico están matizadas en dos extremos por la política y la falta de conocimiento. Hay sentimentalismo y hay desprecio del principal centro docente. Lo que está pasando es lo que ha pasado desapercibido: un proceso histórico conducente a la implosión de la universidad.

La senda a la implosión comienza con la pérdida del rumbo originalmente trazado. La UPR tenía el propósito de ayudar a crear un nuevo país. Que sería diseñado y construido con el talento de los egresados. Por lo tanto, las especialidades que se ofrecían iban dirigidas al mercado del trabajo del nuevo país. Hacía falta un proyecto de alfabetización y por ende hacían falta maestros. Hacía falta un proyecto de infraestructura, y por lo tanto hacían falta ingenieros, arquitectos y profesiones relacionadas. Y así se diseñó un currículo dirigido a llenar necesidades del nuevo pais.

A partir de 1942 el entonces rector Jaime Benitez añade a la oferta academica los requisitos humanísticos. Tenía la convicción de que un profesional debía tener nociones básicas de historia, literatura y otras materias complementarias para ser un ser humano completo. Posteriormente Benítez se alió a legisladores como Ernesto Ramos Antonini para ofrecer becas a estudiantes de escasos recursos.

Mientras se siguió el rumbo trazado, la Universidad de Puerto Rico fue exitosa. Pero en determinado momento se perdió el rumbo original por una serie de veredas sin determinar su dirección final. El dejar camino por vereda fue el principio de la decadencia.

Una de esas veredas que se convertirían en caminos sin salida fue la conversión de cursos complementarios en bachilleratos. Bachillerato en Filosofía. ¿En qué empresa contratan brigadas de filósofos? Lo mismo podemos decir de Ciencias Sociales como especialidad. Y menos práctico el Bachillerato en Estudios Generales. Un poco de todo para ser un especialista en nada. Así la universidad se convirtió en entrenamiento para el desempleo. Posteriormente, carreras que eran buenas fuentes de empleo se fueron saturando. Los graduados de Educación tenían que esperar años para conseguir trabajo, y ya no hay trabajo para ellos. De comunicaciones se siguen graduando cientos de estudiantes para un mercado que hace años comenzó a despedir en lugar de reclutar.

Otra de los caminos sin salida que se crearon en la UPR fue la burocratización excesiva y alarmante. Cada departamento de la UPR sufrió la misma burocratización llegando al extremo de lo absurdo. Llegó el momento en que el Departamento de Terrenos y Edificios se subdividió al punto de tener la División de Candados y Cerraduras.
Confundió más el rumbo la otorgación de derechos a los empleados no docentes. En ese sentido se empezó bien con ofrecer un salario justo, un buen plan médico y buena pensión de retiro. Entonces se comenzó a convertir privilegios en derechos. Se notaba que muchos empleados se iban de compras tan pronto se les entregaba el cheque el día de pago y regresaban a la hora de ponchar. Una mente sensata propuso que se entregara el cheque después de las dos. Pero las presiones del sindicato llevaron a otra solución. Darles dos horas a los empleados para que cambiaran el cheque. Mire cómo muchos usaban esas dos horas. Se iban a las once cruzando el puente de la Avenida Gándara, para cambiar el cheque en la chequera al lado del cuartel. De ahí subían para hacer alguna compra en el entonces próspero centro de Rio Piedras. Luego subían a pagar la deuda en el Restaurant El Obrero y de paso almorzar y darse una o dos cervezas. Eso no me lo contaban, yo almorzaba en El Obrero cuando trabajaba como maestro pero solamente tenía la hora de almuerzo. Una vez almorzaban, esos empleados seguían su ruta de compras en Topeka. De ahí que se hablaba del “día del topekaso”.

El irse a las once tenía una ventaja. A partir de las doce era hora de almuerzo y no contaba para efectos de la asistencia. El tiempo empezaba a contar a la una, que sería la segunda hora concedida por el convenio. Regresaban al trabajo a las dos si no conseguían que un amigo ponchara por ellos. El día de cobro era el día de menos actividad en la UPR.

Los celos y la competencia feroz han sido parte del comején de la universidad. Doy un botón como muestra. Había en la universidad una división denominada Centro de Estudios Etnológicos. Dirigido por el Dr. Pedro Escabí Agostini. El Dr. Escabí dirigió proyectos importantes de investigación. Se fomentó la identidad cultural del puertorriqueño a la vez que se formaban talleres de trabajo.

Cuando ya llevaba casi 40 años en esas labores, y habiendo trabajado simultáneamente como profesor y director de la Tuna de la UPR, el Dr. Pedro Escabí comenzó a hacer planes para retirarse por razones de salud. Nos reunió a los que habíamos laborado con él desde la etapa de estudiantes, y nos presentó un plan. Iba a recomendar a alguien del grupo, que cualificara por su preparación, para sustituirlo. Nos daba pena el retiro del Dr. Pedro Escabí, pero estábamos resueltos a verlo satisfecho completando nosotros su labor. Estando en esa deliberación, llegó una de esas batatas administrativas diciendo: “Escabí, como usted se va a morir pronto, debe ir entregando todo el material que ha ido acumulando.” Vimos el efecto de esas palabras en el gran profesor. Con su rostro decaído, nos dijo: “No se van a dar ese gusto”. El Dr, Escabí se retiró sin que pudieran tenerlo de asesor dándole los créditos a otro. La administración prefirió cerrar esa división.
Lo anterior es una muestra de las muchas muestras de los celos, la competencia y las acciones viles que han carcomido lo que fuera la esperanza del país. De lo que fue, solamente quedan los edificios.
Siguieron cambiando camino por vereda sin salida al buscar cantidad en lugar de calidad. Mientras a los profesores se les aumentaron los requisitos para solicitar y más requisitos aún para cátedra, se rebajaron los requisitos de entrada a los estudiantes con el fin de tener más matricula. Algo contradictorio, que un profesor de excelencia tengq como requisito haber publicado en revistas profesionales o libros algo sobre su materia, a los solicitantes para estudiar no se le requieran tan siquiera destrezas en lectura y redacción.

Ya en 2006 se venía planteando la necesidad de reestructurar la UPR. Había consenso en la necesidad de hacerlo, pero no en la forma ni el momento de hacerlo. La política estaba dominando demasiado la universidad. Tras la huelga de 2010, las exigencias de la Middle States les hicieron ver a los jerarcas de la universidad que no se podía posponer por mucho tiempo la reestruturación. Había que hacerla pronto. Pero mientras tanto, había que sacarle el jugo a la institución. Ese fue el momento de repartirse el botín y preparar los botes salvavidas antes de que se hundiera el barco. Esa fue la causa del saqueo y el uso de fondos para propósitos privados. Igualmente la repartición de becas entre los hijos e hijos de los amigos. Todo eso confiando en que finalmente se haría la implosión de la universidad y con ella la destrucción de la evidencia del saqueo.

Apareció un personaje que cambió esa parte del plan. Anaudi Hernández ha señalado a figuras que pueden contar lo que pasó en la UPR a cambio de inmunidad. La repartición de dinero del campus entre jerarcas, las becas inmerecidas y otros asuntos tétricos.

Ya no hay que pensar mucho para implosionar la universidad. Ni hay que preocuparse por la reacción del país ante esa implosión. Solamente hay que dejar que siga la huelga y que la universidad pierda las acreditaciones y con ella los fondos federales que la mantienen con vida artificial. La implosión de la UPR es aceptada or todos los que pudieron ayudar a evitarla pero ahora dicen ese muerto no lo cargo yo. Tienen la ayuda de los que se supone aboguen por salvar la institución. La Asociación de Profesores Universitarios y unos pocos huelguistas profesionales.

¿Por qué cooperan esos grupos en la colocación de la carga de explosivos que derrumbará la UPR? Porque creen que una vez implosionada, serán ellos los que tomen control total en la reconstrucción, para que la universidad sea lo que la voluntad de ellos disponga. Lo que no saben, o por lo menos no sabían, es que las cargas de explosivos han sido colocadas también bajo sus pies. Una vez implosione la UPR, se les dirá a los profesores y demás empleados: ¡Pa fuera! ¡Pa la calle!

Se harán convocatorias para las distintas plazas de arriba abajo, y todos los interesados tendrán que solicitar para empezar de nuevo. Compitiendo con los nuevos solicitantes. Por supuesto, en la selección se tomará en cuenta quién ha sido quién en la universidad. Por supuesto que los profesores activistas no pasarán. Por supuesto que los huelguistas profesionales estarán impedidos de entrar de nuevo por causa de los cargos que se les someterán próximamente.

No hay que culpar a la presente administración gubernamental ni a la anterior, ni a ninguna de las anteriores. La Universidad de Puerto Rico se convirtió en gobierno aparte. Ha tenido los mismos males del gobierno central. Y tiene el mismo final del gobierno central: la quiebra.

Ese es el futuro cercano de la universidad. Cuando digo cercano puede ser desde un mes hasta dos años. Posiblemente sea tan repentino como unas semanas. La implosión viene.

 

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