PROFESOR JAMES P. CONLAN: UNA VOZ QUE NO LOGRAN CALLAR

 

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“Conlan esta mal de la cabeza… Lo demuestra cuando no tiene buena higiene, nunca se bañó desde una huelga a la otra con la misma ropa. La UPR debe pensar no mantenerlo en sus filas. Ian Camilo le hizo el favor de limpiarle el sucio de la cara.”
“Excelente joven, Puerto Rico necesita mas jóvenes como él. Líder estudiantil, excelentísimo educador y sobre todo líder de la juventud socialista. ¡Que viva Ian Camilo!”
Jeremy Rodriguez Correa (https://www.facebook.com/jeremyrc1) 9 de junio de 2017

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“Students are not workers. They have no right to strike. They have no right to a free or virtually free education under existing UPR law. Article 32 of the Reglamento General of the University of Puerto Rico (below) prohibits interference with the academic and administrative calendar. Interference with the academic calendar is a violation of the Reglamento, a violation of the conditions of attending the UPR, a tortious act, and a violation of the civil rights of other students and employees, including mine. Impeding access to educational and health services has recently been made a crime.” Prof. James P. Conlan

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 Yo trabaje de guardia de seguridad de Capitol Security Police en el Recinto de Rio Piedras de la UPR durante la huelga del 2010-2011. Yo vi las hortalizas sembradas frente a la Facultad de Ciencias Sociales y vi las matas de marihuana sembradas detrás de la Facultad de Derecho. Encontré a un “maestro budista” quien dormía con sus estudiantes en uno de los vagones/salones frente a los “4 Grandes”. Yo estuve en la Facultad de Ciencias Sociales durante la “Noche de las Camisas Negras”. Yo vi la cafeteria montada en Generales Nuevo donde los estudiantes cocinaban arroz, habichuelas y bistec encebollado mientras que sus padres peleaban con la policia para traerles agua. Los vi rompiendo puertas de salones para dormie con aire acondicionado. Los vi rompiendo las plumas comunales para banarse al aire libre.

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En esos meses yo vi con mis propios ojos el como el Recinto de Rio Piedras de la UPR fue convertido en una comuna, una canasta de anarquía y de desorden donde proyectaban películas revolucionarias en una sábana para la prensa frente a la Lázaro y cuando la prensa se iba, las quitaban y ponían películas pornográficas. 

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Yo fui estudiante del Profesor James P. Conlan. Es una persona seria, inmovible en sus convicciones y a diferencia de otras personas, tiene argumentos que sustentan sus posiciones.

El “problema” que tiene el Profesor Conlan es que el simplemente no se deja callar y/o intimidar.

El “problema” que tienen los que buscan silenciarlo y/o intimidarlo es que:

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A. El Profesor Conlan es abogado, egresado de la misma escuela de derecho de UPR. 

B. El Profesor Conlan es un jugador de Rugby y practicante de artes marciales de más de seis pies de alto.

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La práctica común de intimidar a través del discurso retorico y/o rodearte físicamente no va a funcionar con el.

Grande fue la sorpresa de un grupo de estudiantes en el 2011 cuando el Profesor Conlan llego al Portón #1 en pleno paro a entrar a su oficina. Cuando empezaron a gritar y guapearse, el Profesor Conlan dijo que no se le podía impedir la entrada a su lugar de empleo y que si le ponían las manos encima, el se iba a defender.

Ellos le fueron pa’encima y él se defendió. Entre 4 estudiantes le dieron varios tortazos.

Grande fue la sorpresa de este grupo de estudiantes cuando se dieron cuenta que lo único que lograron fue hacerlo enfadar. No pudieron cerrarle la boca y definitivamente no lograron meterle las manos.

Asi que ahora, en el 2017 un grupo de estudiantes ha cerrado nuevamente el recinto.

El 29 de marzo del el 2017 quedo grabado en vídeo un momento en el que un estudiante escupió al profesor Conlan, quien  llegó hasta los portones repartiendo copias de la sección de “estorbo público” en el Código Civil.

Un grupo de estudiantes le gritaban para que saliera de los predios cuando uno de ellos lo escupió y después le tiró agua en la cabeza cuando se había bajado a recoger los papeles que repartía.

El estudiante escupidor fue identificado como Jan Camilo Cintrón Moya, líder estudiantil de la huelga del 2010, mismo proceso en el que el profesor Conlan, agredió a un estudiante luego de intentar cruzar los portones. Entonces un puñado de estudiantes “le cayó encima”. A Cintrón Moya se le castigó con una suspensión de dos años pero la suspensión fue levantada y lo premiaron con un puesto de profesor en la misma universidad como maestro de la UHS, escuela superior que maneja la UPR.

Gabriel Díaz, “portavoz del portón de la entrada principal del recinto” dijo al día siguiente que: “Nos parece de antemano que la situación es lamentable, pero hay que recordar lo que el profesor Conlan ha hecho en el pasado, él estuvo el día anterior por los portones creando un ambiente de este tipo”

Díaz sostuvo que aunque no justifican el incidente ni de parte del alumno ni del profesor, lamentaron que “se concentre la conversación del día en un hecho que no duró más de 30 segundos”.

Portavoces del movimiento estudiantil del recinto de Río Piedras aseguraron que este acto “no representa el espíritu del movimiento estudiantil”

“Ante un paro exitoso y un piquete multitudinario y multisectorial, se presenta el profesor James Conlan, profesor con un historial de violencia hacia el estudiantado en clara provocación y en violación a la política de no confrontación que impera en nuestro recinto, decidió intentar romper línea de piquete y provocar a los estudiantes”, dijo Francisco Santiago, uno de los portavoces.

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El estudiante fue identificado como Ian Camilo Cintrón Moya, líder estudiantil de la huelga del 2010, mismo proceso en el que el profesor, James Conlan, agredió a un estudiante luego de intentar cruzar los portones y un puñado de estudiantes “le cayó encima”.

“El compañero [Cintrón Moya] decidió tomar acciones que no representan el espíritu de este movimiento”, subrayó Santiago.

“Hacemos un llamado a que se mantenga la política de no confrontación y a que la administración abra el diálogo nuevamente con el estudiantado y a que no haya provocaciones por parte de sectores en contra del paro para de esa manera disminuir incidentes lamentables cuya responsabilidad recaerá en la administración universitario y el gobierno de Ricardo Rosselló por mantener una posición de desinformación e intransigencia”, dijo el portavoz.

La portavoz del Movimiento Estudiantil, Loderay Bracero sostuvo que aunque el liderato estudiantil rechaza la violencia, el profesor Conlan ha mostrado en múltiples ocasiones que tiene un patrón violento contra los estudiantes y que el profesor llegó a la institución a exaltar a los estudiantes cuando sabía que el paro continuaba en pie.

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Por su parte, Eva Ayala líder de EDUCAMOS emplazó a la Universidad de Puerto Rico a que hagan una investigación sobre la conducta de agresividad que tiene el profesor Conlan contra los estudiantes  pues aseguró que este tiene un patrón agresivo.

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“Desde el punto de vista nuestro de lo que se está dando en la universidad, esa conducta del estudiante fue un evento aislado, nosotros como educadores creemos que el profesor incurrió en un error al ir a la institución cuando sabe que está cerrada y es un claro acto de incitación”, dijo Eva Ayala líder de EDUCAMOS sobre la comparecencia del profesor Conlan a la UPR.

En otras palabras lo escupen, lo golpean, le tiran sus papeles al piso y el agresor es él porque el incita a la violencia.

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En el 2015 el profesor Conlan entabló una demanda contra la Universidad de Puerto Rico, la Middle States Commision, la Mid-Atlantic Region Commission On Higher Education, el expresidente del Consejo General de Estudiantes, Guillermo Guasp Pérez y otras 25 personas y/u organizaciones por su descontento con las manifestaciones estudiantiles de la Universidad de Puerto Rico, en el campus de Río Piedras (UPR-RP) pero no la ganó.

El Tribunal Federal desestimó, este jueves, 1 de septiembre, esta demanda civil profesor porque los reclamos que este plantea “no cruzan la línea de lo concebible a lo plausible”.

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“Given the pervasive pleading flaws of the Amended Complaint, the Court finds that there is no possibility of crossing the line from conceivable to plausible” (Debido a los defectos del reclamo generalizado de la demanda modificada, la Corte encuentra que no hay posibilidad de cruzar la línea de concebible a plausible) lee las últimas líneas de la desestimación, que no le dan paso a los pedidos de Novel Disseisin, Nuisance, Entry, Waste, False Warranty y la Racketeering Influenced and Corrupt Organizations Act (RICO), entre otros reclamos “civiles, criminales, extranjeros, domésticos, leyes antiguas y modernas…”, según reza la desestimación, redactada por la jueza Carmen Consuelo Cerezo.

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La juez Consuelo Cerezo, quien entendió que lo realizado por Conlan estaba tratando de crear una teoría de conspiración por parte de profesores, trabajadores y estudiantes para que se le impidiese a él y a otros entrar y salir del campus del Recinto, desestimó el pleito porque esas conspiraciones “no exponen un acto concreto de ninguno de los demandados”, además de que “no hay base de ningún tipo sobre las alegaciones” de conspiración en el caso.

La demanda radicada por Conlan esbozaba: incertidumbre de a cuándo acabaría el semestre (daños de alrededor de $200 en boletos de viaje), extensión del semestre académico (daños porque el cambio de órdenes le costó alrededor de $500 por semestre) y tiempo restringido para llevar a cabo investigaciones en los semestres en los que el campus estaba cerrado (no dice cuánto, porque entiende que se calcularía por horas de trabajo y por días que no se suponía que impartiera clases, pero que tuvo que darlas).

Además de eso, Conlan reclamó agresiones por parte de estudiantes, el 6 de abril, antes de la asamblea que se celebró; la toma por la fuerza del campus del Recinto; algunos problemas matrimoniales, gracias a la extensión del semestre; ansiedad por el cese de las labores administrativas en la huelga del 2010; así como la fuerte confrontación que tuvo con estudiantes en el portón principal peatonal del Recinto, durante el paro de 48 horas del 2011; entre otros reclamos.

Cabe destacar que Conlan hizo referencia a las huelgas y/o paros que ocurrieron durante octubre del 2004, semestre de primavera del 2005, octubre del 2009 y 2010, noviembre y diciembre del 2010, abril del 2014 y marzo del 2016 por “impedir su derecho a entrar y salir del campus del Recinto”.

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Hay que admirar la valentía e integridad personal del Profesor Conlan. Yo el me hubiese buscado otro trabajo hace tiempo.

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REGLAMENTO GENERAL DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO, ARTÍCULO 32 – ACTIVIDADES EXTRACURRICULARES EN LA UNIVERSIDAD

SECCIÓN 32.1- LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y ASOCIACIÓN Y EL ORDEN INSTITUCIONAL

El personal universitario tendrá derecho a expresarse, asociarse, reunirse libremente, formular peticiones, auspiciar y llevar a cabo actividades de toda índole de acuerdo con la Ley y los Reglamentos universitarios, siempre que ello no conflija con otras actividades legítimas y no interrumpa las labores institucionales o quebrante las normas establecidas para salvaguardar el orden, la seguridad y la continuidad de las tareas institucionales, y cumpla con los cánones de respecto propios del nivel universitario. Las actuaciones extracurriculares dentro de la Universidad se llevarán a cabo en forma libre y responsable.

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SECCIÓN 32.2 – NOTIFICACIÓN AL RECTOR Y SU PREVIA AUTORIZACIÓN

El uso de cualquier lugar en las facilidades universitarias para la celebración de actos, reuniones o ceremonias, requiere la previa notificación al rector o al funcionario en quien éste haya delegado, así como la previa autorización por el funcionario en cuestión.

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SECCIÓN 32.2.1- CRITERIOS PARA CONCEDER O DENEGAR AUTORIZACIÓN

El rector o el funcionario en quien éste haya delegado, concederá las autorizaciones liberalmente, asegurándose de que no existan dificultades tales como la celebración de más de una actividad en un mismo lugar a la misma fecha y hora, o su celebración en circunstancias que interrumpan las funciones universitarias.

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SECCIÓN 32.3 – RESPONSABILIDAD DE LOS AUSPICIADORES

A los fines de que no se interrumpa la labor docente y acto, reunión o ceremonia a celebrarse, serán responsables de los medios que se empleen para anunciarlos y de la adopción de las medidas necesarias para mantener el orden y la seguridad durante tales actividades.

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SECCIÓN 32.4 – NORMAS APLICABLES A LAS ACTIVIDADES EXTRACURRICULARES AUTORIZADAS EN ESTE ARTÍCULO

A los fines de armonizar el ejercicio de los derechos descritos en el presente Artículo, con las especiales exigencias del orden institucional, y el debido respeto a los derechos de otros miembros de la comunidad universitaria, los participantes en actividades extracurriculares, incluyendo piquetes, marchas, mítines y otros géneros de manifestaciones, se regirán por las normas que se enumeran a continuación. Las infracciones a dichas normas conllevarán las sanciones disciplinarias correspondientes.

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SECCIÓN 32.4.1- INTERRUPCIÓN O PERTURBACIÓN DE TAREAS REGULARES U OTROS ACTOS

No se interrumpirán, obstaculizarán ni perturbarán las tareas regulares de la Universidad o la celebración de actos o funciones debidamente autorizados, efectuándose en las facilidades de la Universidad.

 

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SECCIÓN 32.4.2 – COACCIÓN O USO DE LA VIOLENCIA

Los referidos actos no podrán conllevar coacción hacia otras personas, ni recurrirán o incitarán a la violencia en forma alguna.

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SECCIÓN 32.4.3 – LENGUAJE UTILIZADO

No se usará lenguaje obsceno, impúdico o lascivo.

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SECCIÓN 32.4.4 – DAÑOS A LA PROPIEDAD

No se producirán daños a la propiedad de la Universidad o a la de otras personas ni se incitará a producirlos.

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SECCIÓN 32.4.5 -ACCESO Y SALIDA PARA LAS FACILIDADES

No se obstaculizará en momento alguno el libre acceso y salida de personas de las facilidades de la Universidad y de las aulas o edificios que forman parte de la misma.

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SECCIÓN 32.4.6 – TRÁNSITO DE VEHÍCULOS

No se obstaculizará ni interrumpirá el tránsito de vehículos dentro de las facilidades de la Universidad.

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SECCIÓN 32.4. 7 – USO DE AMPLIFICADORES DE SONIDO

No se utilizará altoparlantes, bocinas ni instrumento alguno por medio del cual se amplifique el sonido, fuera de las aulas o salas de conferencia que los requieran, sin autorización previa escrita del rector correspondiente o del funcionario en quien éste haya delegado, de acuerdo con las normas que deberán ser adoptadas y promulgadas por cada uno de los recintos y otras unidades institucionales, para tales fines. En todo caso, el uso de tales instrumentos se realizará en forma tal que no constituya una infracción a las normas contenidas en este Reglamento.

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SECCIÓN 32.4.8 – PIQUETES Y MARCHAS DENTRO DE EDIFICIOS

No se podrá llevar a cabo piquetes ni marchas dentro de ningún edificio de la

Universidad.

SECCIÓN 32.4.9 – PROXIMIDAD A SALONES DE CLASE U OFICINAS

Las manifestaciones, mítines y piquetes notificados previamente o los que surjan de forma espontánea, se llevarán a cabo a una distancia de no menos de 250 metros del salón de clases más próximo u oficina administrativa. El Presidente o el rector podrán designar un sitio específico en las facilidades de la Universidad donde tales actividades puedan llevarse a cabo y para la celebración de estos actos en el sitio designado, no será necesario notificar previamente al rector o a sus representantes.

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SECCIÓN 32.4.9.1- SITUACIONES ESPECIALES

En aquellas facilidades de la Universidad en que, por la configuración física de sus terrenos y edificios, se hace imposible cumplir con la disposición anterior relativa a la distancia de 250 metros del más próximo salón de clase más próximo u oficina administrativa para la celebración de tales actos, se faculta al Presidente o al rector a adoptar aquella distancia mínima que razonablemente sea suficiente para cumplir con los propósitos de este Reglamento.

SECCIÓN 32.4.10 – SUSPENSIÓN TEMPORERA DE LOS DERECHOS RECONOCIDOS EN EL PRESENTE ARTÍCULO

En caso que exista peligro claro e inminente de que el ejercicio de los derechos reconocidos en el presente Artículo habrá de resultar en la interrupción, obstaculización o perturbación sustancial y material de las tareas regulares de la Universidad, o de otras actividades o funciones legítimas universitarias, efectuándose en las facilidades de la Universidad, los rectores podrán, por resolución escrita fundamentada suspender temporalmente tales derechos en sus respectivos centros educativos. Igual derecho le asistirá al Presidente de la Universidad, con relación a todo el Sistema. En caso de que se ejercite el poder aquí conferido a los funcionarios de la Universidad, esta prohibición no podrá extenderse por más de treinta (30) días, a menos que la Junta de Síndicos autorice extender la misma por un período mayor.

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ARTÍCULO 33 – EXPRESIONES PÚBLICAS INDIVIDUALES

En sus expresiones públicas individuales, todo miembro del personal docente o no docente, se asegurará que las mismas no se entiendan como hechas a nombre de la Universidad, o alguna de sus dependencias, excepto en aquellos casos en que se le haya autorizado oficialmente a representar a la institución. En tales casos, las expresiones estarán dentro del marco de la autorización otorgada.”

 

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ESTUDIANTE QUE ESCUPIÓ PROFESOR EN UPR DA SU VERSIÓN

8 de mayo del 2017

El profesor y estudiante de maestría de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, escupió el pasado 29 de marzo a James Conlan, mientras el profesor repartía material informativo sobre la penalización de huelgas estudiantiles, en los alrededores del Recinto de Río Piedras.

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El profesor y estudiante de maestría de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, Ian Camilo Cintrón Moya, reaccionó hoy a los hechos que ocurrieron el pasado mes de marzo, donde en medio de un paro realizado en dicha unidad educativa, escupió al profesor James Conlan.

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“Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a todas las personas que desde ese día se han comunicado conmigo en apoyo y solidaridad con mi persona, particularmente a todos aquellos jóvenes que han sido mis estudiantes en algún momento y que fueron las primeras personas en comunicarse conmigo expresando su apoyo, precisamente porque conocen el tipo de maestro que soy y que he sido y mi compromiso de años con las causas más justas en este País”, dijo Cintrón Moya a preguntas de la prensa en una conferencia realizada en la Federación de Maestros en Cupey, San Juan.

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Cintrón Moya escupió el pasado 29 de marzo a Conlan, mientras el profesor repartía material informativo sobre la penalización de huelgas estudiantiles, en los alrededores del Recinto de Río Piedras. El incidente se dio luego que el profesor intentara entrar al campus universitario, a pesar de la paralización estudiantil en Río Piedras.

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“Sobre ese incidente en particular, hasta el momento, se radicó una querella en mi contra, según se ventiló en algunos medios noticiosos y, hasta el momento, no ha llegado a mayores. No ha habido ninguna situación ni ningún tipo de cargos contra mi persona”, expresó Cintrón Moya.

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“Una huelga estudiantil, una huelga de trabajadores, no es otra cosa que una lucha entre trabajadores. Por una parte, aquellas personas que entiendan que hay que imponer unas medidas que dejan afuera a unas personas de sus estudios y que viabilizan el que beneficios y derechos de muchas personas se pierdan y que están dispuestos a imponer esas cosas dentro de los medios que entiendan”, agregó.

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Las declaraciones del estudiante surgieron en una rueda de prensa donde el Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores denunció la campaña de represión, hostigamiento y persecución que supuestamente hay por parte del gobierno hacia los estudiantes de la UPR y las personas que se manifestaron el pasado 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores.

Sunita el Intocable 2017

SUNITA EL INTOCABLE (2017)
 
“En familia pobre nací, con poca o ninguna comida.
Mi trabajo era degradante. Yo recogía flores dañadas y marchitadas.
 Ellos me menospreciaban, me rechazaban…
y dejando caer mi corazón, mostré reverencia a muchos.
 
Entonces un día vi al Maestro…
Entrando a la ciudad con un escuadrón de monjes
 Yo… le mostré reverencia
Y el se detuvo…
…en compasión y solidaridad…
…solo para hablarme a mí…
 
Yo me hice a un lado para darle paso.
Y el maestro ante todos estrecho su mano y dijo:
‘Ven, Bhikkhu (monje).’”
(Theragatha XII.2 – Sunita)
 
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Érase una vez en la ciudad de Savatthi en la antigua India había un indigente llamado Sunita.
 
Sunita vestía de harapos y dormía a orillas de la carretera porque no se le permitía tener hogar.
 
 Todos los días Sunita observaba que otras personas se divierten y eran felices, pero no podía acercarse a ellos, porque esa gente lo llamaba un “intocable”.
 
Los “Intocables” (“Chandala”) pertenecían a la clase social más baja y en la antigua India eran tratados como poco más que animales. La posición de Sunita en la sociedad era tan baja que el único empleo que podía conseguir era buscar flores desechadas entre la basura para de vez en cuando encontrar uno que pudiera vender a orillas de la carretera para comprar comida.
 
Sunita no podía entrar a los templos ni a las escuelas. No podía acercarse a miembros de clases más altas ni mirar directamente a sus rostros. No podía acercarse ni bañarse ni tomar agua de los pozos ya que estos eran para las clases sociales más altas.
 
Siempre que una persona de una casta superior se acercaba Sunita tenía que correr y esconderse para que su sombra no cayera sobre ellas. Si no era lo suficientemente rápido era regañado y golpeado severamente. Sunita vivía una vida miserable.
 
Un día mientras estaba buscando flores entre la basura Sunita vio al Buda con sus seguidores que iban de camino a un templo.
 
Su corazón se llenó de alegría y a la vez de temor, siendo un Intocable y al no encontrar lugar para esconderse él solo pudo colocarse de espalda a una pared y tapar su rostro con sus manos temblorosas juntadas en saludo. _/|\_
 
El Buda se detuvo y hablando con una voz suave y gentil dijo:
“¿Porque te escondes? Por favor, levántate y déjame verte.”
 
 Avergonzado, Sunita lentamente se puso de pie, con la cabeza inclinada y las manos presionadas juntas en oración delante de su rostro.
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“¿Por qué te agachas allí entre la basura?” el Buda preguntó.
“Bendecido”, dijo Sunita, “Yo no quería dejarme ver para no ofender los ojos. No soy digno de tu mirada”.
 
Mucha de la gente que acompañaban al Buda estuvo de acuerdo. Se tiraban de su manga, tratando de que se alejara de este marginado. “No es más que un recolector de basura, ¡un intocable!”, decían.
 
“¿Lo es?” dijo el Buda mientras se abría paso entre ellos para poner su brazo alrededor del hombro de Sunita. “Miren, lo estoy tocando, y aún sigo con vida.”
 
Y entonces el Buda le dijo a Sunita;
 
“En nuestro camino, ya no distinguimos entre castas. Eres un ser humano como el resto de nosotros. No tenemos miedo de ser contaminados. Solo la codicia, la avaricia y la ilusión nos pueden contaminar. Una persona como usted solo nos puede traer felicidad. ¿Cómo te llamas?”
 
“Bendecido, mi nombre es Sunita.”
 
“Hermano Sunita, ¿Que es para ti este modo tan desgraciado de vivir? ¿Sera posible para ti dejar atrás este mundo?”
 
“¡Pero soy un intocable!”
 
“Ya le expliqué que en nuestra vía no hay castas. El agua de cada rio tiene nombre propio, pero al llegar al océano todos se hacen uno. De igual forma, cuando cualquier persona se une a nuestra Orden (“Sangha”), se hace uno con la Orden, dejando atrás si nació como brahmán, kashatriya, o Chandala.”
 
Y entonces Sunita, parado entre la basura sintió lagrimas bajar por su rostro y con sus manos aun juntadas dijo;
 
“Venerable Señor, siempre he recibido órdenes, pero jamás una palabra amable o de aliento. Si un Chandala, un recolector de basura como yo puede convertirse en monje de su Orden, ¡entonces que el Bendecido me pida que dé un paso al frente!”
 
El Buda le dio su cuenco a su discípulo Meghiya y estrecho su mano a Sunita. “Ven, Bhikkhu (monje).”
 
Entonces dijo a otro discípulo, (WOOF)  “¡Shariputra! ¡Ayúdame a bañar a Sunita! Lo ordenaremos como monje aquí mismo a la orilla de este rio”
 
 Así que el Buda baño y ordenó a Sunita, le entrego su manto y cuenco y se lo llevo junto con los otros monjes.
 
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Como era de esperarse, muchas personas se escandalizaron al ver al Buda no solo aceptando a un intocable a su orden, sino también bañándolo en un rio publico… con sus propias manos… con sus más destacados discípulos. Solo era cuestión de tiempo antes de que un grupo de religiosos presentaran sus quejas ante el Rey Pasenadi. A pesar de ser amigo y seguidor el Buda, el rey decidió visitar el Buda en su templo de Jetsvara para investigar este asunto. El Rey, al llegar al templo, se encontró a un monje predicando y quedo asombrado con su dedicación y conocimiento. Al preguntarle al Buda quien era, este respondio:
 
“Gran Rey, ese es el Bhikkhu (monje) Sunita, quien era un recolector de basura. En los tres meses desde su ordenación, ha demostrado gran sinceridad, inteligencia y dedicación. ¿Qué le pareció su prédica?
 
 Luego, el Buda dijo al rey:
 
“La sangre y las lágrimas de todos son del mismo color. Por su nacimiento nadie es de casta alta o baja. Es por sus acciones que las personas se enaltecen o se degradan. Debemos encontrar la manera de ayudar a las personas a alcanzar su plena dignidad y potencial. Por esta razón recibí a Sunita en nuestra Orden.”
 
Desde ese día en adelante, nadie sabía de qué clase social era Sunita, y nadie lo volvió a tratar con desprecio y crueldad.
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Bibliografia?
1) Theragatha: Historia de los Antiguos (Octavo libro del Khuddaka Nikaya) 242 – XII.2 PTS: Thag 620-631
2) “Old Path, White Clouds: Walking in the Footsteps of the Buddha” (Ch. 43) – Thich Nhat Hanh
 
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Primer Examen Parcial HUMA 3201 – Octubre 2002

 

 

  1. La Edad Media fue el periodo donde vimos el colapso del Imperio Romano Occidental, el surgimiento de una nueva civilización en esta área producto de la llegada de los pueblos germanos, cristianizados gracias a los esfuerzos de la Iglesia. El Cristianismo seria el componente más poderoso e influyente durante esta época. La iglesia abrazaría el legado intelectual y cultural de la tradición Greco-Romana forjando una nueva filosofia cristiana sistematizado que encontraría su máxima expresión en San Agustín, quien adopta varias concepciones platónicas en sus escritos para definir, justificar y explicar las creencias cristianas en forma racional y lógica. Mientras tanto, el Imperio Romano Oriental sobrevivió como el Imperio Byzantino. Estos también preservaron la tradición Greco-Romana y fundaron una floreciente civilización. Los Bizantinos también fueron testigos del nacimiento del Islam en su imperio.

 

  1. El Cristianismo antiguo era una forma de vida basada en dogmas y manifestada en ceremonia y en la conducta diaria de sus creyentes. Con el surgimiento de los nuevos reinos cristianos en los reinos del oriente y occidente, la iglesia desarrolla un sistema administrativo centralizado en el obispo de Roma, basado en las interpretaciones con la división territorial de la administración romana. Esto se hace para lidiar con las interpretaciones contradictorias de importantes doctrinas cristianas que surgieron como consecuencia del desarrollo y diseminación de estas. Era importante para la iglesia el mantener a los Germanos y los Bizantinos en armonía política mediante un lazo común a través del cristianismo. Por esto se procuraba una sola interpretación de las doctrinas. También existía una desconfianza y hostilidad hacia las ciencias, asociados con la cultura pagana del mundo clásico.

 

  1. El escolasticismo es el enfoque sistemático al estudio de la religión cristiana. Este enfoque apuntaba hacia la razón o análisis lógico de las doctrinas religiosas para así demostrar que lo que se aceptaba por fe existía en armonía con lo alcanzable a través de la razón. El ecolatisismo seria el método básico de enseñanza en las universidades durante la Edad Media. Este método consistía en plantear una pregunta, traer ideas contradictorias sobre el asunto planteado para así llegar a conclusión. Este método de investigación Serra demostrado con mas detalle en la contestación numero 4.

 

  1. a) A Tomas, de Aquino, Arzobispo de Canterbury (1225-1274 CE) le toca armonizar las ideas aristotélicas redescubiertas en el siglo XII con las verdades eternas del cristianismo. Aquino separa y define la filosofia como el análisis basado en principio evidentes versus la teología que es la verdad revelada por Dios. Según Aquino ambos pueden ayudarse mutuamente. Hay verdades evidentes que son artículos de fe (como la existencia de dios). Todo lo creado participa de Dios, por ende la conclusión de cualquier incursión analítica sobre los predicados de las criaturas es el preambula fidei, porque aun si percibimos la esencia de Dios  a través de la observación de los objetos y organismos creados por este, la distancia ente el reflejo de la luz del día sobre los objetos que observamos (chispa divina) y la superficie del sol (Dios) es infinita y esta mas allá del simple entendimiento humano. Es como tratar de ver el Empyrean (La flor en el cielo del trono de Dios en Paradiso, no se como se dice en español) desde mi casa.

 

4(b)  Aquino formula cinco pruebas para la existencia de Dios analizando los fenómenos que podemos percibe en la creación:

 

·         Prueba Cosmologica: Todo lo que se mueve es movido por otro agente  que a su vez esta en movimiento y movido por otro. Esto nos lleva a una primera causa de movimiento que no depende de otros agentes para moverse…Cada rueda es movida por otra rueda y si sigues mirando al final encuentras una rueda que gira sola…Este primer motor inmóvil es Dios (“Yo Soy”).

 

·         Prueba Causal: Todo efecto presupone una causa que a su vez es efecto de otra cosa  hasta llegar a una primera causa eficiente e independiente…Dios (“Yo Soy”)

 

·         Prueba de Dependencia: Todo lo que existe depende de otro para existir. Siguiendo esta línea encontraremos eventualmente un primer ser independiente responsable por su propia existencia…Dios (“Yo Soy”).

 

 

·         Prueba de Perfección: Todo lo que existe muestra un grado de perfeccion, por consiguiente debe existir una fuente perfecta de todo lo que percibimos, bondad, belleza, bondad, amor, etc., un modelo sin el cual lo demas no puede existir…Dios (“Yo Soy”).

 

·         Prueba de Propósito: Todo tiene un propósito y todo lo que percibimos muestra orden lógica y coherencia (“Cosmos”). Entonces debe haber una inteligencia que ordene, sostiene y gobierna todo lo que existe…Dios.

 

 

 

 

 

BILLIE HOLIDAY…

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 BILLIE HOLIDAY WAS TORMENTED BY ANTI-DRUG SQUAD

https://www.thestar.com/news/insight/2015/02/01/singer-billie-holiday-wastormented-by-anti-drug-squad.html

by Johann Hari 2015

Billie Holiday was born in 1915, a few months after the Harrison Act, the first law banning cocaine and heroin, and it would become her lifelong twin. Not long after Billie’s birth, her 19-year-old mother, Sadie, became a prostitute, while her 17-year-old father vanished. He later died of pneumonia in the South because he couldn’t find a hospital that would treat a black man.

Billie brought herself up on the streets of Baltimore, alone, defiant. It was the last city without a sewer system in the United States, and she spent her childhood among clouds of stinking smoke from all the burning s–t. Her cold slum district was known as Pigtown, and many people lived in shacks. Every day, little Billie would wash and clean her great-grandmother and listen to stories from her youth, when she had been a slave on a Virginia plantation.

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Billie soon learned there were lots of places she couldn’t go because she was black. She knew in her gut this was wrong and had to change, and she made a promise to herself: “I just plain decided one day I wasn’t going to do anything or say anything unless I meant it. Not ‘Please, sir.’ Nor ‘Thank you, ma’am.’ Nothing. Unless I meant it. You have to be poor and black to know how many times you can get knocked in the head for trying to do something as simple as that.” This promise would reshape her life — and her attitude toward Harry.

 When she was 10, one of her neighbors — a man in his 40s named Wilbert Rich — turned up and explained that he had been sent by her mother to take Billie to her. He took her to a house and told her to wait. She sat and waited, but her mother didn’t come; as night fell, Billie said she was drowsy. The man offered her a bed. When she lay down on it, he pinned her down and raped her.

She screamed and clawed at the man, howling for help, and somebody must have heard, because the police arrived. When they barged in, the officers decided at once what was going on. Billie, they declared, was a whore who had tricked this poor man. She was shut away in a cell for two days. Months later, Wilbert Rich was punished with three months in prison, while Billie was punished with a year in a reform school.

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The nuns who ran the walled-in, sealed-off punishment centre looked at the child and concluded she was bad and needed the firm thwack of discipline.

When she escaped — out of the convent, and Baltimore — she was determined to find her mother, who was last heard from in Harlem. When she arrived on the bus into a freezing winter, she stumbled to the last address she had been given, only to find it was a brothel. Her mother worked there for a pittance and had no way to keep her. Before long, Billie was thrown out, and she was so hungry she could barely breathe without it hurting. There was, Billie came to believe, only one solution. A madam offered her a 50 per cent cut for having sex with strangers. She was 14 years old.

Before long, Billie had her own pimp. He was a violent, cursing thug named Louis McKay, who was going to break her ribs and beat her till she bled. He was also — perhaps more crucially — going to meet Harry Anslinger many years later, and work with him.

 Billie was caught prostituting by the police, and once again, instead of rescuing her from being pimped and raped, they punished her. She was sent to prison on Welfare Island, and once she got out, she started to seek out the hardest and most head-blasting chemicals she could. At first her favourite was White Lightning, a toxic brew containing 70-proof alcohol, and as she got older, she tried to stun her grief with harder and harder drugs. One night, a white boy from Dallas called Speck showed her how to inject herself with heroin. When Billie wasn’t drunk or high, she sank into a black rock of depression and was so shy she could barely speak. She would still wake in the night screaming, remembering her rape and imprisonment. “I got a habit, and I know it’s no good,” she told a friend, “but it’s the one thing that makes me know there’s a person called Billie Holiday. I am Billie Holiday.”

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Holiday, Billie, NYC, 1953 CODE: BLH32 11X14 Open Edition: $1,400 16X20 Limited Edition of 50: $1,800 20X24 Limited Edition of 50: $4,500 32X40 Limited Edition of 10: $7,500

But then she discovered something else. One day, starving, she walked a dozen blocks in Harlem, asking in every drinking hole if they had any work for her, and she was rejected everywhere. Finally she walked into a place called the Log Cabin and explained she could work as a dancer, but when she tried a few moves, it was obvious she wasn’t good enough. Desperate, she told the owner maybe she could sing. He pointed her toward an old piano man in the corner and told her to give him a song. As she sang Trav’llin’ All Alone, the customers put down their drinks and listened. By the time she finished her next song, Body and Soul, there were tears running down their cheeks.

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She sang a moment behind the beat and lived a moment ahead of it. One New Year’s Eve, a sailor saw her being served in a bar and asked: “When did you start serving n—-r bitches?” She stabbed a bottle into his face. Another time in another bar, a group of soldiers and sailors started stubbing out their cigarettes on her mink coat. She handed the mink coat to a friend to hold, picked up a diamond-shaped ashtray, and laid the sailors out flat.

Yet when it came to the men in her life, this impulse to defend herself bled away. Louis McKay graduated from being her pimp to being her “manager” and husband: he stole almost all her money. After her greatest performance at Carnegie Hall, he greeted her by punching her so hard in the face she was sent flying.

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Harry had heard whispers that this rising black star was using heroin, so he assigned an agent named Jimmy Fletcher to track her every move. Harry hated to hire black agents, but if he sent white guys into Harlem and Baltimore, they stood out straight away. Jimmy was allowed through the door at the bureau, but never up the stairs. He was and would remain an “archive man” — a street agent whose job was to figure out who was selling, who was supplying, and who should be busted. He would carry large amounts of drugs with him, and he was allowed to deal drugs himself so he could gain the confidence of the people he was secretly plotting to arrest.

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Many agents in this position would shoot heroin with their clients, to “prove” they weren’t cops. We don’t know whether Jimmy joined in, but we do know he had no pity for addicts: “I never knew a victim,” he said. “You victimize yourself by becoming a junkie.”

He first saw Billie in her brother-in-law’s apartment, where she was drinking enough booze to stun a horse and hoovering up vast quantities of cocaine. The next time he saw her, it was in a brothel in Harlem, doing exactly the same. Billie’s greatest talent, after singing, was swearing — if she called you a “motherf—–,” it was a great compliment. We don’t know the first time Billie called Jimmy a motherf—–, but she soon spotted this man who was hanging around, watching her, and she grew to like him.

When Jimmy was sent to raid her, he knocked at the door pretending he had a telegram to deliver. Her biographer Julia Blackburn studied the only remaining interview with Jimmy Fletcher — now lost by the archives handling it — and she wrote about what he remembered in detail.

“Stick it under the door!” she yelled.

“It’s too big to go under the door!” he snapped back.

She let him in. She was alone. Jimmy felt uncomfortable.

“Billie, why don’t you make a short case of this and, if you’ve got anything, why don’t you turn it over to us?” he asked. “Then we won’t be searching around, pulling out your clothes and everything. So why don’t you do that?” But Jimmy’s partner arrived and sent for a policewoman to conduct a body search.

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When Billie sang “Loverman, where can you be?” she wasn’t crying for a man — she was crying for heroin. But when she found out her friends in the jazz world were using the same drug, she begged them to stop. Never imitate me, she cried. Never do this.

She kept trying to quit. She would get her friends to shut her away in their houses for days on end while she went through withdrawal. As she ran back to her dealers, she cursed herself as “No Guts Holiday.” Why couldn’t she stop? “It’s tough enough coming off when you’ve got somebody who loves you and trusts you and believes in you,” she wrote. “I didn’t have anybody.”

 The morning he first raided her, Jimmy took Billie to one side and promised to talk to Anslinger personally for her. “I don’t want you to lose your job,” he said.

Not long after, he ran into her in a bar and they talked for hours, with her pet Chihuahua, Moochy, by her side. Then, one night, at Club Ebony, they ended up dancing together — Billie Holiday and Anslinger’s agent, swaying together to the music.

“And I had so many close conversations with her, about so many things,” he would remember years later. “She was the type who would make anyone sympathetic because she was the loving type.” The man Anslinger sent to track and bust Billie Holiday had, it seems, fallen in love with her. Confronted with a real addict, up close, the hatred fell away.

But Anslinger was going to be given a break on Billie, one he got nowhere else in the jazz world. Billie had got used to turning up at gigs so badly beaten by Louis McKay they had to tape up her ribs before pushing her onstage. She was too afraid to go to the police — but finally she was brave enough to cut him off .

“How come I got to take this from this bitch here? This low-class bitch?” McKay raged. “If I got a whore, I got some money from her or I don’t have nothing to do with the bitch. I don’t want no c–t.” He had heard that Harry Anslinger wanted information on her, and he was intrigued. “I got enough to finish her off ,” he had pledged. “I’m going to do her up so goddam bad she going to remember as long as she live.” He travelled to D.C. to see Harry, and he agreed to set her up.

 When Billie was busted again, she was put on trial. She stood before the court looking pale and stunned. “It was called ‘The United States of America versus Billie Holiday,’ ” she said, “and that’s just the way it felt.” She refused to weep on the stand. She told the judge she didn’t want any sympathy. She just wanted to be sent to a hospital so she could kick the drugs and get well. Please, she said to the judge, “I want the cure.”

She was sentenced instead to a year in a West Virginia prison, where she was forced to go cold turkey and work during the days in a pigsty, among other places. In all her time behind bars, she did not sing a note. Years later, when her autobiography was published, Billie tracked Jimmy Fletcher down and sent him a signed copy. She had written inside it: “Most federal agents are nice people. They’ve got a dirty job to do and they have to do it. Some of the nicer ones have feelings enough to hate themselves sometime for what they have to do.” She was right: Jimmy never stopped feeling guilty for what he’d done to Lady Day.

Now, as a former convict, she was stripped of her cabaret performer’s licence, on the grounds that listening to her might harm the morals of the public. This meant she wasn’t allowed to sing anywhere that alcohol was served — which included all the jazz clubs in the United States.

“How do you best act cruelly?” her friend Yolande Bavan asked me in 2013. “It’s to take something that’s the dearest thing to that person away from them.” Billie had been able to survive everything — but this? “You despair because you have no control. You can’t do the thing that is a passion and that you made your livelihood at, and that has brought joy to people all over the world,” Bavan says. Billie was finally silenced. She had no money to look after herself or to eat properly. She couldn’t even rent an apartment in her own name.

Another of her friends kept telling her she could save enough money to retire to a house with a garden where she could have babies. “Do you think I can? Do you think I can do it?” she asked incredulously. She dreamed of getting a big farm somewhere and turning it into a home for orphaned children, where she’d run the kitchen herself.

But when she was forced to interact with people, she was becoming more and more paranoid. If Jimmy Fletcher had been one of Them, who else was? She believed — correctly, it turns out — that some of the people around her were informing on her to Anslinger’s army. “You didn’t know who to trust,” her friend Yolande Bavan told me. “So-called friends — were they friends? What were they?” Everywhere she went, there were agents asking about her, demanding details.

She began to push away even her few remaining friends, because she was terrified the police would plant drugs on them, too — and that was the last thing she wanted for the people she loved.

 One day, Harry Anslinger was told that there were also white women, just as famous as Billie, who had drug problems — but he responded to them rather differently. He called Judy Garland, another heroin addict, in to see him. They had a friendly chat, in which he advised her to take longer vacations between pictures, and he wrote to her studio, assuring them she didn’t have a drug problem at all. When he discovered that a Washington society hostess he knew — “a beautiful, gracious lady,” he noted — had an illegal drug addiction, he explained he couldn’t possibly arrest her because “it would destroy . . . the unblemished reputation of one of the nation’s most honored families.” He helped her to wean herself off her addiction slowly, without the law becoming involved.

As I sat in his archives, reading over the piles of fading papers that survive from the launch of the drug war, there was one thing I found hardest to grasp at first.

The arguments we hear today for the drug war are that we must protect teenagers from drugs, and prevent addiction in general. We assume, looking back, that these were the reasons this war was launched in the first place. But they were not. They crop up only occasionally, as asides. The main reason given for banning drugs — the reason obsessing the men who launched this war — was that the blacks, Mexicans and Chinese were using these chemicals, forgetting their place and menacing white people.

It took me a while to see that the contrast between the racism directed at Billie and the compassion offered to addicted white stars like Judy Garland was not some weird misfiring of the drug war — it was part of the point.

Harry told the public that “the increase (in drug addiction) is practically 100 per cent among Negro people,” which he stressed was terrifying because already “the Negro population . . . accounts for 10 per cent of the total population, but 60 per cent of the addicts.” He could wage the drug war — he could do what he did — only because he was responding to a fear in the American people. You can be a great surfer, but you still need a great wave. Harry’s wave came in the form of a race panic.

In the run-up to the passing of the Harrison Act, the New York Times ran a story typical of the time. The headline was: “NEGRO COCAINE ‘FIENDS’ NEW SOUTHERN MENACE.” It described a North Carolina police chief who “was informed that a hitherto inoffensive negro, with whom he was well-acquainted, was ‘running amuck’ in a cocaine frenzy (and) had attempted to stab a storekeeper . . . Knowing he must kill this man or be killed himself, the Chief drew his revolver, placed the muzzle over the negro’s heart, and fired — ‘intending to kill him right quick,’ as the officer tells it, but the shot did not even stagger the man.” Cocaine was, it was widely claimed in the press at this time, turning blacks into superhuman hulks who could take bullets to the heart without flinching. It was the official reason why the police across the South increased the calibre of their guns.

Many white Americans did not want to accept that black Americans might be rebelling because they had lives like Billie Holiday’s — locked into Pigtowns and banned from developing their talents. It was more comforting to believe that a white powder was the cause of black anger, and that getting rid of the white powder would render black Americans docile and on their knees once again. (The history of this would be traced years later in Michelle Alexander’s remarkable book The New Jim Crow.)

Harry Anslinger did not create these underlying trends. His genius wasn’t for invention: it was for presenting his agents as the hand that would steady all these cultural tremblings. He knew that to secure his bureau’s future, he needed a high-profile victory, over intoxication and over the blacks, and so he turned back to Billie Holiday.

To finish her off , he called for his toughest agent — a man who was at no risk of falling in love with her, or anyone else.

Col. George White, a vastly obese white slab of a man

, was Harry Anslinger’s favourite agent. And when he looked over Holiday’s files, he declared her to be “a very attractive customer,” because the bureau was “at a loose end” and could do with the opportunity “to kick her over.”

White had been a journalist in San Francisco in the 1930s until he applied to join the Federal Bureau of Narcotics. The personality test given to all applicants on Anslinger’s orders found that he was a sadist. He quickly rose through the bureau’s ranks. He became a sensation as the first and only white man ever to infiltrate a Chinese drug gang, and he even learned to speak in Mandarin so he could chant their oaths with them. In his downtime, he would go swimming in the filthy waters of New York City’s Hudson River, as if daring it to poison him.

He was especially angered that this black woman didn’t know her place. “She flaunted her way of living, with her fancy coats and fancy automobiles and her jewelry and her gowns,” he complained. “She was the big lady wherever she went.”

When he came for her on a rainy day at the Mark Twain Hotel in San Francisco without a search warrant, Billie was sitting in white silk pajamas in her room. This was one of the few places she could still perform, and she badly needed the money. She insisted to the police that she had been clean for over a year. White’s men declared they had found opium stashed in a wastepaper basket next to a side room and the kit for shooting heroin in the room, and they charged her with possession. But when the details were looked at later, there seemed to be something odd: a wastepaper basket seems an improbable place to keep a stash, and the kit for shooting heroin was never entered into evidence by the cops — they said they left it at the scene. When journalists asked White about this, he blustered; his reply, they noted, “appeared a little defensive.”

That night, White came to Billie’s show at the Café Society Uptown, and he requested his favourite songs. She never lost faith in her music’s ability to capture and persuade. “They’ll remember me,” she said, “when all this is gone, and they’ve finished badgering me.” George White did not agree. “I did not think much of Ms Holiday’s performance,” he told her manager sternly.

Billie insisted the junk had been planted in her room by White, and she immediately offered to go into a clinic to be monitored: she would experience no withdrawal symptoms, she said, and that would prove she was clean and being framed. She checked herself in at a cost of $1,000, and she didn’t so much as shiver.

George White, it turns out, had a long history of planting drugs on women. He was fond of pretending to be an artist and luring women to an apartment in Greenwich Village where he would spike their drinks with LSD to see what would happen. One of his victims was a young actress who happened to live in his building, while another was a pretty blond waitress in a bar. After she failed to show any sexual interest in him, he drugged her to see if that would change. “I toiled whole-heartedly in the vineyards because it was fun, fun, fun,” White boasted. “Where else (but in the Bureau of Narcotics) could a red-blooded American boy lie, kill, cheat, steal, rape and pillage with the sanction and blessing of the All-Highest?” He may well have been high when he busted Billie for getting high.

The prosecution of Billie went ahead. “The hounding and the pressure drove me,” she wrote, “to think of trying the final solution, death.” Her best friend said it caused Billie “enough anxieties to kill a horse.” At the trial, a jury of 12 ordinary citizens heard all the evidence. They sided with Billie against Anslinger and White, and found her not guilty. Nonetheless, “she had slipped from the peak of her fame,” Harry Anslinger wrote. “Her voice was cracking.”

In the years after Billie’s trial, many other singers were too afraid of being harassed by the authorities to perform (song about lynching African Americans) Strange Fruit. But Billie Holiday refused to stop. No matter what they did to her, she sang her song.

“She was,” her friend Annie Ross told me, “as strong as she could be.” To the end, Billie Holiday kept the promise she had made to herself back in Baltimore when she was a little girl. She didn’t bow her head to anyone.

When Billie was 44 years old, a young musician named Frankie Freedom was serving her a bowl of oatmeal and custard in his apartment when she suddenly collapsed. She was taken to the Knickerbocker Hospital in Manhattan and made to wait for an hour and a half on a stretcher, and they said she was a drug addict and turned her away. One of the ambulance drivers recognized her, so she ended up in a public ward of New York City’s Metropolitan Hospital. As soon as they took her off oxygen, she lit a cigarette.

“Some damnbody is always trying to embalm me,” she said, but the doctors came back and explained she had an array of very serious illnesses: she was emaciated because she had not been eating; she had cirrhosis of the liver because of chronic drinking; she had cardiac and respiratory problems due to chronic smoking; and she had several leg ulcers caused by starting to inject street heroin once again. They said she was unlikely to survive for long — but Harry wasn’t done with her yet.

“You watch, baby,” Billie warned from her tiny gray hospital room. “They are going to arrest me in this damn bed.”

Narcotics agents were sent to her hospital bed and said they had found less than one-eighth of an ounce of heroin in a tinfoil envelope. They claimed it was hanging on a nail on the wall, six feet from the bottom of her bed — a spot Billie was incapable of reaching. They summoned a grand jury to indict her, telling her that unless she disclosed her dealer, they would take her straight to prison. They confiscated her comic books, radio, record player, flowers, chocolates and magazines, handcuffed her to the bed and stationed two policemen at the door. They had orders to forbid any visitors from coming in without a written permit, and her friends were told there was no way to see her. Her friend Maely Dufty screamed at them that it was against the law to arrest somebody who was on the critical list. They explained that the problem had been solved: they had taken her off the critical list.

So now, on top of the cirrhosis of the liver, Billie went into heroin withdrawal, alone. A doctor was brought into the hospital at the insistence of her friends to prescribe methadone. She was given it for 10 days and began to recover: she put on weight and looked better. But then the methadone was suddenly stopped, and she began to sicken again. When finally a friend was allowed in to see her, Billie told her in a panic: “They’re going to kill me. They’re going to kill me in there. Don’t let them.” The police threw the friend out. “I had very high hopes that she would be able to come out of it alive,” another friend, Alice Vrbsky, told the BBC, until all this happened. “It was the last straw.”

 

On the street outside the hospital, protesters gathered, led by a Harlem pastor named the Reverend Eugene Callender. They held up signs reading “Let Lady Live.” Callender had built a clinic for heroin addicts in his church, and he pleaded for Billie to be allowed to go there to be nursed back to health. His reasoning was simple, he told me in 2013: addicts, he said, “are human beings, just like you and me.” They fingerprinted Billie on her hospital bed. They took a mug shot of her on her hospital bed. They grilled her on her hospital bed without letting her talk to a lawyer.

Billie didn’t blame Anslinger’s agents as individuals; she blamed the drug war itself — because it forced the police to treat ill people like criminals. “Imagine if the government chased sick people with diabetes, put a tax on insulin and drove it into the black market, told doctors they couldn’t treat them,” she wrote in her memoir, “then sent them to jail. If we did that, everyone would know we were crazy. Yet we do practically the same thing every day in the week to sick people hooked on drugs.”

 

When she died on this bed, with police officers at the door to protect the public from her, she looked — as another of her friends told the BBC — “as if she had been torn from life violently.” She had 15 $50 bills strapped to her leg. It was all she had left. She was intending to give it to the nurses who had looked after her, to thank them.

Her best friend, Maely Dufty, insisted to anyone who would listen that Billie had been effectively murdered by a conspiracy to break her, orchestrated by the narcotics police — but what could she do? At Billie’s funeral, there were swarms of police cars, because they feared their actions against her would trigger a riot. In his eulogy for her, the Reverend Eugene Callender told me he had said: “We should not be here. This young lady was gifted by her creator with tremendous talent . . . She should have lived to be at least 80 years old.”

The Federal Bureau of Narcotics saw it differently. “For her,” Harry wrote with satisfaction, “there would be no more Good Morning Heartache.”

 

It is easy to judge Harry Anslinger. But if we are honest, I suspect that everybody who has ever loved an addict — everybody who has ever been an addict — has this impulse in them somewhere. Destroy the addiction. Kill the addiction. Throttle it with violence. Harry Anslinger is our own darkest impulses, given a government department and a licence to kill.

As I researched this book, I travelled a long way from the farm fields of Pennsylvania — but at every step, I began to feel I was chasing the scream that terrified little Harry Anslinger all those years ago, as it echoed out across the world.

In his private files, Harry kept a poem that had been sent in by an admiring member of the public, addressed directly to him. It defined for Harry his mission in life. Until the day that “the Great Judge proclaims:/‘The last addict’s died,’ ” the poem said, “Then — not till then — may you be retired.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROFESOR MIGUEL SANTANA: INOCENTE

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PROFESOR MIGUEL SANTANA: INOCENTE
Voy a escribir de nuevo sobre el reciente bochinche en la Escuela Superior Miguel Such, en Rio Piedras. Como muchos otros bochinches en las escuelas de nuestro país, este bochinche envuelve a un maestro y un estudiante. Como muchos otros bochinches en las escuelas, el estudiante, su mama y su abuela buscan activamente tomar control de unos procesos para perjudicar al maestro y lograr unos objetivos personales.
Repasemos esta historia, no con unas expresiones hechas en Facebook del 15 de agosto del 2016, sino con un estudiante nuevo de décimo grado en agosto del 2015.
Este estudiante curso su primer año de estudio en el décimo grado (agosto 2015 – mayo 2016) con el Profesor Miguel Santana, maestro de carpintería. Él fue informado sobre las normas establecidas del taller de carpintería que requieren que los estudiantes – por seguridad e higiene – tengan el pelo recortado. Él se recortó el pelo y tomo el curso sin problemas ni incidentes.
El Lunes, 15 de agosto de 2016 a las 3:59pm el estudiante hace unas expresiones a través de su cuenta personal de Facebook… lean cuidadosamente…
Este “post” QUE NO FUE CITADO EN SU TOTALIDAD fue compartido en 2,026 ocasiones en menos de 36 horas.
El jueves, 18 de agosto del 2016, el Periódico Primera Hora publica el artículo “Bochornoso prejuicio de maestro” partiendo obviamente de la premisa de que como fue posteado en Facebook, es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
La directora escolar, Irisel Santana, tan pronto se entera del bochinche cita a FCA, su mama y al Profesor Santana a su oficina. Junto al Profesor Santana aparecen un grupo de estudiantes decididos a clarificar esta situación. La mama del estudiante se molestó mucho durante la reunión y se fue sin firmar una minuta. Luego comienza un “CRYING TOUR” en el programa de chismes “Lo Sé Todo” el Periódico Primera Hora y hasta logra una mención en “El Circo de La Mega”
Primera Hora conversó con la madre del menor, Loarina Ayala Guevara quien no ha perdido tiempo en calificar “la situación” como “discriminatoria”.
Tampoco perdió tiempo en alegar que su hijo se siente tan hostigado por el maestro – identificado como Miguel Santana – al extremo de que no quiere asistir a la clase, aún cuando le apasiona la carpintería.
La verdad es que su hijo no solo continuo asistiendo a clase, sino que le ha anunciado a otros estudiantes que a “Santana no le queda mucho tiempo porque lo van a suspender…”
Mama acudió al cuartel de la policía del residencial Manuel A. Pérez y radicó una querella por maltrato institucional contra el maestro y de una vez hizo una querella contra el maestro en la División Legal del Departamento de Educación….
Pregúntame a donde fueron a parar las querellas….
Pregúntale al entonces Secretario de Educación Rafael Román quien también leyó el post en Facebook y se expresó sobre el post en Twitter. “Totalmente inaceptable y contrario a la política pública.
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TOTALMENTE FABRICADO Y SIN FUNDAMENTO…
Un mes después el estudiante protagonizo un altercado con dos estudiantes que termino en que el estudiante resulto objeto de una paliza. Mama y Abuela no perdieron tiempo en acusar al Profesor Santana de inducir este incidente.
En la próxima entrega de notas el octubre 2016, el estudiante tenía “F” en tres clases y nadie vino a recoger las notas.
Aun no han aparecido los otros maestros del plantel, quienes Mama dice que supuesta y alegadamente le han expresado su apoyo y solidaridad.
“No revelo sus nombres porque no quiero que cojan represalias contra ellos.”
Mientras tanto, a la Escuela Vocacional Miguel Such se presentó un estudiante quien alega haber dicho al Profesor Santana que era abiertamente homosexual y que NUNCA tuvo problemas con el Profesor Santana…. Y lo puso por escrito.
Al final, el estudiante se colgó en tres clases en enero del 2017 y esta vez Mama busco las notas.
La directora escolar, Irisel Santana, se fue p’al Fondo…
Y el estudiante se dio de baja…
Ahora que este bochinche ha terminado y el maestro termino teniendo la razón, les dejo con los comentarios de otros maestros, validando mi teoría de que un grupo de sicarios y traficantes de drogas pueden apoyarse y trabajar juntos para un bien común, pero un maestro no puede darle la espalda a otro maestro…
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“En mi carácter personal, más que maestra, como madre te puedo decir que considero que el compañero actuó mal al hacer estas expresiones, (asumiendo que todo sea cierto). También considero que sí es una actitud discriminada, lo que le puede afectar profesionalmente. El largo del pelo, no puede ser un motivo para ofender a una persona, o menospreciarla, mucho menos, juzgarla. Si el compañero hizo esas expresiones, no lo aplaudo. Además, el tener pelo largo no es razón para impedir que ese joven reciba sus clases, independientemente de que el compañero lleve 22 años haciendo lo mismo.”
assisant pitfalls
suarezepr68@yahoo.com
“Ni la Consejera ni la Trabajadora Social pueden hacer determinaciones que le corresponden a la Directora. Estas funcionarias, se supone que trabajen en apoyo al estudiante y deben de saber que la discriminación es ilegal. Y si lo que el estudiante plantea es cierto, debieron de realizar sus funciones que no son administrativas. Ahí todos se hicieron de la vista larga. Lo que está mal, sea por miles de años está mal.”
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“Si los hechos son como los narran la madre y el joven, el maestro actuó mal y el resto del personal actuaron mal: irrespeto a las diferencias, prejuicio por apariencias, prejuicio por orientación sexual (en caso de los homosexuales), exceso de autoridad, violación al derecho a la educación, actitud prepotente y machista por parte del maestro, complicidad e incompetencia de la TS y la consejera escolar. Y subestimación del reclamo y necesidad del estudiante y de la madre por parte de quien publicó este artículo, que reduce a simple “bochinche de adolescente” lo que -a todas luces- es un reclamo y denuncia válidos.”